dimecres, 17 de novembre de 2010

Cultura… trabajo

Estos días preparando un proyecto, comentaba a un técnico de un ayuntamiento sobre cultura, me aconsejaba que el proyecto que redactaba tenia componentes laborales, quizás con marcado acento… como soy tozudo y aunque acepto las sugerencias, a mi esto no me quedo claro, lógicamente reflexione sobre el tema.
Empecé a investigar, primero en internet, la primera en la frente:
El término cultura proviene del latín cultus que a su vez deriva de la voz colere que significa cuidado del campo o del ganado. Hacia el siglo XIII, el término se empleaba para designar una parcela cultivada, y tres siglos más tarde había cambiado su sentido como estado de una cosa, al de la acción: el cultivo de la tierra o el cuidado del ganado (Cuche, 1999: 10), aproximadamente en el sentido en que se emplea en el español de nuestros días en vocablos como agricultura, apicultura, piscicultura y otros. Por la mitad del siglo XVI, el término adquiere una connotación metafórica, como el cultivo de cualquier facultad. De cualquier manera, la acepción figurativa de cultura no se extenderá hasta el siglo XVII, cuando también aparece en ciertos textos académicos.
Vaya la primera “cultura” del hombre es la del trabajo. Oímos declaraciones de que los trabajadores tienen que formarse, tenemos que reformar las estructuras productivas… ¿Todo esto lo tenemos que hacer sin “cultura”?. Otra definición que viene mucho a cuento es la siguiente:
La Unesco, en 1982, declaró:
...que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.
(UNESCO, 1982: Declaración de México)

La situación de crisis refleja también la falta de cultura del trabajo, o como mínimo la valoración escasa de la cultura que tienen o necesitan los trabajadores, podríamos mirar las cifras de parados muchos son mayores de 45 años, también podríamos especular que nuestro sistema educativo está muy lejos de formar culturalmente a nuestros jóvenes. La aportación de los nacionalismos muchas veces se centra en cohesionar la sociedad sobre una cultura de identidad, olvidando o dejando en escalones pretendidos de más bajo nivel, otros elementos culturales, como los conocimientos laborales, los cuales forman parte del país y de sus señas de identidad (productos con denominación de origen, métodos de cultivo diferentes, etc.). ¿Sirve esta reflexión para entender por qué a millones de personas que se les niega el derecho al trabajo? Es responsabilidad de muchos respetar y exigir mejorar nuestra cultura laboral.
La definición de la Unesco nos empuja a mejorar como personas, a un significado profundo de nuestra actividad humana, de nuestro espíritu de mejora, que tiene que ver también con la familia que construimos, con los hijos, pero también en las obras o productos que realizamos, en nuestras habilidades profesionales que tenemos que mejorar día a día, yo pienso que poco tiene que ver con el éxito material, con el beneficio, con el dinero…
Estas reflexiones también habría que llevarlas a los sindicatos. Su papel en la reciente historia es incuestionable, han llevado a millones de personas de la esclavitud al reconocimiento laboral, pero en estos tiempos no funcionan como un instrumento de mejora social. Los derechos de los trabajadores se dirimen en el parlamento, la presión para influenciar en estas decisiones son mas corporativas que globales. Discutir solamente los salarios y algún derecho laboral, sitúa a los sindicatos dentro del sistema actual, del sistema neoliberal, juegan a influenciar en el mercado. Marx lo decía mientras haya asalariados existirá el capitalismo.
El cambio de CULTURA productiva implica un cambio en los objetivos o misiones de las empresas, a los trabajadores, como ciudadanos cultos, a participar en los procesos de producción, los estamentos públicos a poner a punto la fragua donde pueda surgir esta cultura mas afín a los tiempos que corren.